¡La espiritualidad también es revolucionaria!

En medio de la tarima del encuentro, el canto comienza suave, casi como un susurro. En el centro del círculo, las velas encendidas, el humo del tabaco y el sonido profundo de los tambores acompañan un momento de recogimiento que pronto se vuelve desbordante de emoción.

Por Maria Carolina Gonzalez Corzo

24 de Marzo del 2026

Bogotá – Una madre toma la palabra; su voz tiembla mientras nombra a su hijo asesinado por la guerra. Otra mujer recuerda a su hija desaparecida. Las palabras traen de vuelta historias de feminicidios, desapariciones y de niñas y niños arrebatados por la violencia. El dolor atraviesa el espacio y el tiempo y resuena en los cuerpos de las mujeres presentes. Algunas lloran, otras cantan, otras se levantan a danzar.

En ese círculo de mística, donde el corazón parece hecho trizas, los cantos, los rituales, la poesía y la música se convierten en una forma de sostener el dolor colectivo y acompañarse frente a la pérdida.

Es en medio de ese espacio de memoria y sanación donde emerge una certeza compartida: “¡La espiritualidad también es revolucionaria!”. Para la lideresa maya k’iche’ Lolita Chávez, sanar también significa resignificar el territorio, especialmente para los pueblos que han vivido el despojo.

“Cuando entendemos que el sufrimiento no solo viene del cuerpo, comprendemos que ese cuerpo no está aislado del contexto ni de la comunidad donde vivimos”, explicó.

@ Maria Carolina Gonzalez Corzo (Human Conet)

La sanación, insistió, no es un proceso individual ni algo que pueda comprarse o venderse. Es un camino colectivo que se construye acuerpándose en el territorio, ese espacio que para muchos puede ser codiciado, pero que para los pueblos es sagrado.

La memoria de quienes ya no están atravesó el encuentro. A diez años del asesinato de la lideresa lenca Berta Cáceres, su nombre volvió a resonar entre las voces: “Berta vive, la lucha sigue”. Las participantes recordaron también a Samir Flores, asesinado en México días antes de pronunciarse en su radio comunitaria; a Macarena Valdés en Chile; a Julia Chuñil; y a tantas otras personas defensoras de la vida y de los territorios asesinadas o silenciadas por la violencia.

En los actos colectivos de memoria, se nombró una a una a mujeres y hombres que dieron su vida por la defensa de la libertad y de los territorios: Julia Chuñil, Alina Sánchez, Berta Cáceres, Sakine Cansiz, Beatriz Cano, Marielle Franco, Carmenza Landazábal, Macarena Valdés, Samir Flores y Rafael Nahuel. Tras cada nombre, el auditorio respondía con una misma consigna: “¡Vive!”. Nombrarlos es una afirmación política de que sus luchas siguen vivas en quienes hoy sostienen la defensa de la Vida.

Todas las mártires viven, sus luchas siguen. Sus legados viven y florecen”, se escuchó en el auditorio.

@Maria Carolina Gonzalez Corzo (Human Conet)

Mantener viva la memoria es un compromiso colectivo: seguir tejiendo redes, fortalecer los procesos locales y construir un horizonte común de justicia y libertad. Como se afirmó al cierre del encuentro:

“Las mujeres aquí presentes son las hijas de las que no pudieron matar, y su unión es la garantía de que el siglo XXI será el siglo de su liberación.”

Frente a la persistente impunidad, Lolita Chávez evocó la idea de justicia cósmica, una forma de justicia que trasciende los tribunales estatales y se arraiga en las cosmovisiones de los pueblos y en su relación espiritual con la tierra, los ríos y los seres que habitan el territorio. Desde esta perspectiva, la memoria es también una responsabilidad política. Nombrar a quienes fueron asesinados, cuidar su legado y continuar las luchas que sembraron.

En ese tejido de dolor, memoria y resistencia emerge otra convicción compartida: el amor. El amor no como romanticismo ni consigna vacía, sino como una estrategia política profunda. La decisión consciente de acuerpar las luchas, de no soltarse, de sostenerse unas a otras para seguir defendiendo la vida y los territorios.

Así es, así será, pactado está, hecho está, liberado está: nuestros territorios”, resonó en la palabra de la sabedora Lolita Chávez.

El encuentro fue también un reconocimiento a las múltiples mujeres que sostienen las luchas por la vida en los territorios: mujeres de barrio, mujeres indígenas, mujeres negras, defensoras del bosque amazónico, sembradoras de agua, madres buscadoras de personas desaparecidas, madres de víctimas de feminicidio, mujeres campesinas, firmantes de paz, mujeres urbanas, pedagogas de la esperanza, activistas LGBTIQ+, defensoras del derecho a decidir y de la autonomía de los cuerpos.

Entre consignas, el auditorio volvió a levantarse:

“Floreceremos
porque la guerra no puede acabar con nuestras raíces.
De Abya Yala hasta Kurdistán:
la lucha de las mujeres frente a la destrucción de la Vida”.

Por la defensa de la Vida, de los Pueblos, la Naturaleza y de los Territorios.

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