Las Mujeres del Río Yurumangui están organizadas para rato y para todo.
El río Yurumangui es una arteria de la bahía de Buenaventura que comunica a Los Farallones con el Océano Pacifico. A lo largo de su culebrosa formación de agua dulce, las familias negras y afrodescendientes habitan casas construidas en palafitos, sosteniendo el equilibrio con la naturaleza que sus ancestros aprendieron a amansar para conquistar su libertad.
Por Juan Sebastián Santoyo
13 de Agosto del 2025
Valle del Cauca – Hoy, el río sigue poblado. Veredas como Juntas, San Antoñito, San Antonio, San José, El Queso, San Jerónimo, El Aguila, San Antonio, San Miguel, Papayo, Veneral, Primavera, Barrancos, Nuevo Firme y Encanto, resisten unidas, al son de cantos, cununos, guasás y bombos. El ritmo y las melodías de estos pueblos claman por la paz y la alegría de su infancia y juventud, que enfrentan profundas injusticias y una violencia que amenaza la vida en todas sus formas.
En el corazón de este territorio, desde el Consejo Comunitario del Río Yurumanguí, autoridad legítima del territorio, las mujeres vienen impulsando un proceso de cuidado y de fortalecimiento organizativo. El Colectivo de Mujeres Paridoras de Vida en Los Territorios del Consejo Comunitario del Río Yurumanguí rescata y dignifica el legado de la partería, los saberes ancestrales y la fuerza silenciosa con la que las mujeres sostienen la familia y la comunidad.
Tras 23 años de existencia, con mayor consciencia del rol que han cumplido las mujeres frente a la defensa de la vida y el territorio, este colectivo con la fiereza política organizativa convocó al 1er encuentro de Mujeres en la vereda San Antonio con el objetivo de estrechar los vínculos entre las mujeres de las diferentes comunidades y fortalecer su visión política de cara a los múltiples desafíos que deben afrontar.
Del 11 al 13 de julio 2025, se escucharon las voces de las mujeres y de los niños de las veredas del Rio Yurumangui y de otros territorios. Sustentada por la convicción de permanecer en el territorio, aproximadamente 300 mujeres y 90 niños y niñas se encontraron para enlazar sus cuerpos y sus pensamientos como una gran trenza de Matamba, una palma usada para tejer sombreros y canastos y que ahora simboliza su fuerza colectiva para defender la vida y del territorio.
Primer encuentro del colectivo de mujeres del Consejo Communitario del río Yurumanguí. © Maria Carolina Gonzalez.
El tejido de Matamba del río Yurumangui es la imagen organizativa de las mujeres como sostén de la familia y protección del territorio que promueve transformaciones estructurales que implica a los padres, a los niños y a las niñas
En los casos verificados por ONU Derechos Humanos se identifican situaciones previas de vulnerabilidad y barreras en la garantía y acceso de derechos humanos para los niños y niñas, que son aprovechadas por los grupos armados no estatales para ejercer sobre ellas diferentes tipos de violencia.
Entre 2022 y 2024, ONU Derechos Humanos verificó 474 casos de reclutamiento o utilización de niños y niñas, a partir de los 9 años de edad, por parte de grupos armados no estatales.
Respecto a las formas de reclutamiento y/o utilización, el 30,2 % de las víctimas (143 casos) fueron vinculadas mediante estrategias de persuasión, consistentes en el ofrecimiento de dinero, regalos (i.e. motocicletas, armas, comida, teléfonos, ropa, etc.) u oportunidades económicas. En ocasiones, los grupos armados no estatales financian la organización de eventos deportivos o culturales, como partidos de fútbol o fiestas de 15 años. Las barreras de acceso a derechos económicos, sociales y culturales para la niñez de algunos Pueblos Indígenas y comunidades afrodescendientes -en ocasiones derivadas de la misma limitación del uso de sus territorios ancestrales por parte de los grupos armados no estatales-, les coloca en un mayor riesgo de ser expuestos a estas violencias. Además de los casos de reclutamiento y/o utilización por persuasión, ONU Derechos Humanos ha verificado casos de víctimas reclutadas y/o utilizadas mediante la fuerza, el engaño, captación o acoso infantil con fines sexuales, por cobro de deudas o como castigo por conductas previas.
Los jóvenes están al centro del trabajo del colectivo de la Matamba © Maria Carolina Gonzalez.
En 36 de los 474 casos, los reclutamientos se produjeron en escuelas o centros educativos.
En este contexto, el Colectivo de Mujeres piensa en la construcción de la autonomía, mediante iniciativas y proyectos productivos y culturales que construyen soberanía alimentaria y educación propia .
El río Yurumanguí es conocido entre los habitantes del pacifico como « el último río libre de minería ». Esto, más allá de ser una anécdota, demuestra la resistencia de la comunidad. Como cuenta un vecino de San Antonio: « Los hombres en el conflicto somos vulnerables, por eso las mujeres son quienes han enfrentado a los actores ».
Esta resistencia ha costado la vida y el duelo profundo de muchas familias pero también ha permitido conservar la naturaleza y la unidad.
Los niños, niñas y jóvenes manifiestan que el río Yurumangui, es un espacio de uso vital para vivir y disfrutar la vida; de solo pensar en que puede tener alguna afectación que no permita su disfrute nos llena de tristeza, dolor y zozobra. Uno de los deseos de las comunidades es tener su « agüita transparente para podernos bañar y tomar ».
El encuentro en Yurumanguí reafirma la búsqueda de las autoridades Abencio Caicedo Caicedo y Edinson Valencia Garcia, voces que fueron silenciadas por su incansable determinación de proteger y defender el territorio de toda acción que fuera en contravía de la decisión colectiva en mantener a Yurumangui como un escenario de vida, alegría, esperanza y libertad.
Comunidad de San Antonio del río Yurumanguí. © Maria Carolina Gonzalez.
La lucha del pueblo negro del Pacífico colombiano es parte de un proceso histórico de denuncia y resistencia frente a décadas de atropellos, abandono estatal e incumplimientos sistemáticos. A pesar de la firma del Acuerdo de Paz en 2016, la expansión del narcotráfico y la multiplicación de actores armados han intensificado el conflicto, obligando a las comunidades a desarrollar estrategias de permanencia en sus territorios, muchas veces en medio del fuego cruzado.
Frente a esta situación, el Acuerdo Humanitario ¡YA! se alza como un llamado urgente y colectivo que reúne las voces de los pueblos del Pacífico, incluyendo las del río Yurumanguí. Esta exigencia no es solo una demanda por el cese de hostilidades, sino una afirmación de las formas propias de habitar, organizarse y defender la vida. Implica reconocer que sin los proyectos de vida propios —sin su niñez, su juventud y sus saberes— no hay territorio posible.
Desde el río Yurumanguí, el mensaje es claro y contundente: el tejido de mujeres es fuerte, está trenzado con dignidad y convicción, y está dispuesto a sostener y proteger la vida. Pero para que esta resistencia sea sostenible, se requieren garantías reales. Es urgente que las instituciones nacionales e internacionales asuman su responsabilidad no solo para reaccionar cuando estallan las crisis, sino para prevenirlas desde la raíz.
El llamado es a rodear las apuestas comunitarias del Yurumanguí, a proteger la vida, la cultura y la autodeterminación, y a exigir con firmeza un Acuerdo Humanitario YA que reconozca, respete y proteja los procesos organizativos de estas comunidades históricamente marginadas. La paz solo será posible si nace desde los territorios, con justicia, autonomía y verdad.
Por Juan Sebastián Santoyo
Escrito por Carolina Gonzalez
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